CASTROL TRIZONE: SUPERANDO LOS ESTANDARES
El mundo entero se vuelve cada vez más exigente y las motocicletas no son la excepción. Factores como el ruido, las emisiones de gases, las exigencias de los consumidores y la seguridad han influido en el nuevo diseño de las motos. Se incorporan materiales más livianos y tecnológicamente más avanzados con menos tolerancias y mayores precisiones constituyendo un gran desafiíto para los aceites que los lubrican.
Los motores para motocicletas generan una gran potencia si se considera el peso de los mismos. Esto se explica en parte por las elevadas revoluciones alcanzada por los motores: el motor de un camión produce la potencia máxima a aproximadamente a dos mil quinientos RPM y un motor de un automóvil a aproximadamente seis mil RPM. Los motores actuales de cuatro tiempos para motos pueden llegar a casi 15 mil RPM y superiores.
El principal desafío que deben afrontar los aceites para motos está representado por el control de la temperatura. Las motos utilizan sistemas de refrigeración relativamente simples (refrigeración líquida) o la combinación de refrigeración por aire y por aceite. Las motos con refrigeración por aire se recalientan fácilmente en el tráfico intenso de las ciudades y las motos con refrigeración por agua, si se las utilizan para viajes breves, nunca permiten que el aceite se caliente totalmente. En ambos casos el motor se desgasta rápidamente. El aceite ideal debe garantizar una protección incluso cuando está caliente. Al mismo tiempo debe fluir fácilmente cuando está frío, por ejemplo para permitir un arranque rápido durante las mañanas.
El lubricante se debe adaptar a un amplio rango de condiciones y exigencias operativas: el aceite apropiado es aquel que conserva su forma y fuerza a lo largo del tiempo y en condiciones extremas de altas y bajas temperaturas. Debe absorber las suciedades sin oxidarse o espesarse, debe ser suficientemente sutil para poder fluir fácilmente en los pequeños conductos del aceite cuando hace frío – y al mismo tiempo debe ser suficientemente espeso para continuar lubricando los componentes cuando hace calor o cuando está bajo presión. Pero el lubricante para motocicletas de cuatro tiempos no es sólo para el motor - debe operar también en otras dos zonas vitales - la caja de cambios y el embrague.
El embrague (“clutch”) de las motos se asemeja al motor que sirve: es compacto, de elevadas prestaciones sometido a esfuerzos elevados. En lugar de un plato ancho, los embragues de las motos están compuestos por una serie de platos más pequeños separados por anillos, con resortes que empujan uno contra el otro. Cuando se tira la palanca del clutch, los platos se separan, permitiendo que los mismos se desplacen - interrumpiendo la transmisión de potencia entre el motor y el cambio. Al soltarse la palanca, los resortes empujan nuevamente los platos uno contra el otro, permitiendo la transmisión de potencia a la rueda trasera por medio de la caja de cambios.
Cuando sucede esto, los platos que se deslizan hacia adelante y hacia atrás de un modo continuado generan una cantidad enorme de calor, por consiguiente, la tarea principal del aceite es, en este caso, la de refrigerar el embrague e impedir toda flexión y combustión que en caso contrario podría dañar los anillos y los platos. Se trata de una acción de balanceo delicada entre fricción y deslizamiento y el aceite está en el medio de todo ello.
Si este aceite tuviera una formulación convencional como se produce en los aceites para automóviles, podría provocar el deslizamiento de la fricción: los componentes que imprimen la fuerza motriz giran sin transferir toda la potencia en la carretera por medio del embrague. El motociclista podría desconocer lo que está sucediendo pero se da cuenta que el embrague se está deslizando porque no puede acelerar y probablemente, sentirá un olor a quemado que proviene de los platos del embrague.
Si la fricción del aceite es muy elevada, el embrague podría atascarse cuando se le embraga provocando una tensión escasa – tanto cuando se lo extrae como cuando se cambia la marcha. También en este caso, el motociclista advierte que hay algo que no funciona – porque la máquina tambalea o brinca al soltarse el embrague.
Si la viscosidad del aceite es demasiado elevada, el embrague podría atascarse y no desembragarse al tirarse la palanca. Este es un problema específico que se presenta cuando el motor está frío y durante el encendido de la motocicleta.
Precisamente detrás del embrague se encuentra otra área sujeta a un gran esfuerzo que el aceite debe proteger: la caja de cambios.
La caja de cambios es otro componente de la moto especialmente complicado por su alta precisión. Alta precisión significa diseño compacto, tolerancias muy ajustadas y utilización de componentes mecánicos de precisión para prestaciones extremas del motor. El mayor esfuerzo deriva de la velocidad y potencia siempre más elevadas y de los asientos de los cambios siempre más pequeños. Estos asientos del cambio se traducen en una fuerte presión entre los dientes del engranaje – que a su vez aumenta el esfuerzo del lubricante. El calor daña los polímeros utilizados en los aceites y los hace más vulnerables a la acción elevada de resistencia del cambio que trata de excluirlo. Los aceites Castrol para motocicletas de cuatro tiempos emplean componentes seleccionados expresamente para resistir al esfuerzo manteniendo la capacidad de soportar la carga.
Durante el funcionamiento, los lados de los engranajes del cambio chocan uno contra el otro si se los somete a carga: esto puede rayar o arañar los engranajes, provocar golpes a la caja dentada y el choque de un diente contra el otro. Esto genera un fuerte esfuerzo bajo el área del cambio que podría debilitar la dureza de los dientes, haciéndolos vulnerables a la erosión y a la pérdida de material. Los aceites Castrol para motocicletas de cuatro tiempos contienen aditivos anti-desgaste a base de fósforo; las sustancias activas contribuyen a prevenir el contacto entre los metales de los engranajes del cambio. Las motos necesitan de una mayor viscosidad para proteger adecuadamente la caja de cambios, pero sin comprometer las propiedades de fluidez o de fricción necesarias para el rendimiento del embrague y del motor.
Esta triple combinación para los motores de las motocicletas impone el empleo de un lubricante especial. La tecnología Castrol Trizone es específica para la formulación de lubricantes de moto que responden a las exigencias:
Embrague
En la zona del embrague: la necesidad de refrigeración así como el equilibrio ideal entre deslizamiento y fricción para un funcionamiento confiable y sin problemas.
Motor
En la zona del motor: los elevados esfuerzos generados por la carga mecánica, la alta velocidad de los pistones y la temperatura de combustión, así como la necesidad de conservar una elevada fluidez en todo tipo de condiciones.
Caja de cambios
Y en la zona de la caja de cambios, la necesidad de potenciar el aceite para que pueda afrontar las fuerzas de resistencia y craqueteo.
Trizone es el fruto de la herencia y experiencia exclusiva de Castrol madurada en más de un siglo de motociclismo.
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